Las empresas familiares son las raíces y el tronco de nuestra economía, garantizando la estabilidad, el desarrollo y el estado de bienestar.

Las grandes decisiones están en gran medida ligadas a dos realidades: familia y empresa. Estas conviven y se coordinan a través de las diferentes normas, principios, órganos y procedimientos que constituyen el gobierno corporativo y familiar.

La estabilidad y la confianza se convierten en elementos esenciales en la toma de decisiones empresariales y en la transmisión de la cultura empresarial a través de la familia.

Características diferenciadoras

La característica fundamental de la empresa familiar radica en su estrecha vinculación con un grupo familiar, que ejerce una influencia directa en su dirección y administración. Su vocación de permanencia y la visión de largo plazo explican algunas de sus principales características diferenciadoras:

Las compañías familiares llevan en su ADN el objetivo de ser transmitidas a las siguientes generaciones. La supervivencia de la empresa se prioriza por encima de los beneficios económicos.

La empresa está vinculada a una familia, normalmente con un profundo sentimiento de pertenencia y arraigo a su lugar de origen, lo que supone un plus de responsabilidad, de credibilidad y confianza.

Autofinanciación. La familia compromete su propio patrimonio en inversiones que conllevan un riesgo. El ahorro familiar es la principal o una de las principales fuentes de financiación de esas compañías.

Su longevidad es alta (33 años de media), muy por encima del promedio del conjunto de las empresas españolas (12 años).

Como consecuencia de estas características se explican los valores que definen y diferencian a la empresa familiar y que tienen su reflejo en el comportamiento y la gestión empresarial.

La empresa familiar en España...

representa cerca del 90% del tejido empresarial

genera casi el 70% del empleo total

tiene una facturación aproximada del 60% del PIB

Aportación a la sociedad

Más allá de su importancia económica, los valores propios que caracterizan y diferencian a las empresas familiares se han convertido en un importante activo empresarial. Sus buenas prácticas han sido reconocidas incluso por firmas de inversión basadas en generación de valor a largo plazo, que muchas veces apuestan por las empresas familiares como garantía de estabilidad, crecimiento y sostenibilidad. 

La empresa familiar constituye un modelo de empresa que ha sido y sigue siendo ejemplo en España como instrumento de utilidad social para el desarrollo y el progreso. Constituyen, por tanto, un bien social a preservar. 

La vocación de permanencia de las empresas familiares y su visión estratégica a largo plazo garantizan su crecimiento y, por tanto , la estabilidad económica.

Las empresas familiares apuestan por la innovación en soluciones sociales y medioambientales que aseguran el bienestar social y económico.

Las empresas familiares generan el 67% del empleo en España, ocupando el doble de puestos de trabajo que las empresas no familiares del conjunto de las S.A. y S.L. y generando más empleo por cada millón de euros facturados. 

Ofrecen además, una mayor estabilidad en el empleo, aún a costa de una menor rentabilidad, ya que son capaces de sobrevivir con niveles de productividad inferiores en tiempos de crisis. 

La aportación de las empresas a las arcas públicas, vía impuesto de sociedades y cotizaciones sociales, es fundamental para el sostenimiento del Estado del Bienestar. 

La estabilidad del tejido empresarial, su solidez y su capacidad para superar etapas complicadas tiene un efecto directo sobre la estabilidad y perdurabilidad del empleo. Cuanto más consistente sea el tejido empresarial, menor será la destrucción de puestos de trabajo en periodos de recesión y mayor será la capacidad de la economía para mantener el empleo y el bienestar social. 

Su aportación en cifras